Guía Dreamcast: por qué sus juegos valen tanto
Dreamcast es un caso raro dentro del retro: no es cara porque se vendiera poco en su día en términos absolutos, sino porque Sega cerró la persiana a los dos años de lanzarla. Eso convirtió un catálogo entero, de la noche a la mañana, en una tirada corta por definición. Todo lo que se imprimió es todo lo que hay, y desde 1999 solo puede menguar.
Dos años de vida, un catálogo que ya no crece
Dreamcast salió en 1998-1999 y en 2001 Sega anunció que dejaba de fabricar hardware. Dos años es nada comparado con el ciclo de seis o siete años que tuvieron PS2 o GameCube. La distribución en España, ya de por sí modesta para una consola que competía contra la sombra de PlayStation, se cortó en seco justo cuando el catálogo empezaba a coger tracción entre el público que la valoraba de verdad.
El resultado es que prácticamente todo el catálogo de Dreamcast es tirada corta, no solo los juegos de nicho. Y como Sega se retiró del hardware, nunca hubo un "final feliz" con precios en bajada por liquidación de stock: lo poco que quedó en tiendas se vendió, y a partir de ahí el mercado ha sido solo de segunda mano.
El caso raro: aquí llegó lo que allí no llegó
Lo más curioso de Dreamcast desde una óptica española es que invierte la lógica habitual de este catálogo. Normalmente lo caro es lo que en Estados Unidos triunfó y aquí llegó tarde y mal. Con Dreamcast pasa al revés en algunos casos: Shenmue II fue exclusivo de Dreamcast en Europa durante un año entero, mientras en Norteamérica no se publicó hasta que llegó a Xbox. Es de los pocos ejemplos de todo el retro español donde nosotros tuvimos la exclusiva y el resto del mundo esperó.
Por debajo hay un puñado de juegos que directamente nunca salieron de Japón en esta consola: Ikaruga y Cosmic Smash son los ejemplos más claros. Comprarlos hoy significa importación japonesa pura, con el aviso habitual de que Dreamcast tiene bloqueo por región: hace falta una consola de esa zona o modificada.
El género que sostiene el resto del catálogo
Dreamcast hizo especialmente bien dos cosas que hoy se cotizan fuerte: los shoot 'em up japoneses y los juegos de estética urbana que definieron a Sega en esta generación. Rez y Jet Set Radio son los nombres que todo el mundo cita, y con razón: ninguno de los dos ha tenido una versión física que sustituya del todo al original. Junto a ellos, JRPG como Grandia II o la propia Skies of Arcadia original (más cara incluso que su versión ampliada de GameCube) completan un catálogo de culto que no para de subir.
El formato juega a favor: el GD-ROM
Un detalle técnico que ha ayudado a mantener sano el mercado de segunda mano: los discos de Dreamcast no son CD normales, son GD-ROM, un formato propio de Sega con mayor capacidad. Eso complicó la piratería casera de la época mucho más que en otras consolas de la generación, lo que a día de hoy se traduce en un mercado de coleccionismo relativamente sano, sin la sombra de copias caseras que sí sobrevuela a otros catálogos de los años 2000.
Un aviso práctico si compras una consola completa: la VMU, la memory card con pantalla propia que Dreamcast usaba para guardar partidas, también se vendía suelta y hoy tiene su propio mercado. Una Dreamcast con su VMU original vale sensiblemente más que la consola y el disco solos.
Empieza por aquí
Si quieres ver el catálogo completo de la consola que estamos documentando en HPRC, con precio suelto, completo y qué mirar antes de pagar en cada juego, el punto de partida es el índice de precios. Y si lo que buscas es entender el fenómeno completo, no solo el de esta consola, lo explicamos en por qué suben los juegos físicos.