Cómo conservar y proteger tu colección física
El mayor riesgo para el valor de una colección de videojuegos no suele ser un robo ni una catástrofe: es el descuido lento, el mismo que decolora una carátula en cinco años de sol en una estantería o el que deja un manual arrugado en el fondo de una caja de mudanza. Nada de lo que sigue es complicado ni caro. Es, sobre todo, cuestión de saber qué es lo que realmente daña un juego físico y quitarlo de en medio antes de que haga efecto.
La luz es el enemigo silencioso número uno
Si hay un problema que se repite en más fichas de nuestra sección Retro que ningún otro, es este: las carátulas de plástico y cartón se decoloran con una facilidad pasmosa expuestas a luz directa, sobre todo luz solar pero también fluorescente intensa mantenida durante años. No hace falta que la luz "queme" nada de forma visible en el momento; el daño es acumulativo y silencioso, y para cuando se nota, ya está hecho y no tiene vuelta atrás. Una estantería pegada a una ventana orientada al sur es, sin exagerar, de los sitios donde peor puede acabar una colección con los años.
La solución no es guardar los juegos a oscuras en una caja —eso trae sus propios problemas, que van luego—, es simplemente evitar la luz directa: una estantería en una pared sin ventana enfrente, o con cortina o persiana que corte el sol de las horas centrales del día, basta para frenar casi todo el deterioro por decoloración.
Vertical, no apilado: el peso es el segundo enemigo
Guarda los juegos de pie, como libros, nunca apilados en horizontal unos sobre otros. Una pila de cajas de plástico soporta su propio peso razonablemente bien las primeras semanas, pero mantenida durante meses o años acaba deformando las cajas de más abajo, especialmente en verano si la habitación coge calor: el plástico se ablanda ligeramente con la temperatura y cede bajo peso sostenido. Con las cajas de GameCube o las ediciones especiales grandes de PS3/PS4 (con su cartón interior y sus extras) el problema es aún mayor, porque el propio peso de los extras acelera la deformación de la caja si se apila.
Fundas protectoras: baratas y con retorno real
Las fundas de plástico transparente para cajas de videojuegos (tipo "box protector") son de las inversiones más rentables de todo el hobby: cuestan céntimos por unidad compradas a granel y hacen dos cosas a la vez, proteger la carátula del roce y las rayas del uso diario, y frenar en parte el amarilleo del plástico de la propia caja causado por el paso del tiempo (el plástico ABS antiguo, especialmente el de PS1 y Saturn, amarillea con la exposición al aire y a la luz, un efecto conocido como "yellowing" entre coleccionistas). No arreglan una carátula ya decolorada, pero frenan que una en buen estado deje de estarlo.
Humedad, temperatura y dónde NO guardar una colección
Los sitios que parecen prácticos por tener espacio de sobra —un garaje, un trastero sin climatizar, un desván— suelen ser los peores posibles: la humedad relativa alta favorece el moho en el cartón de las cajas y en los manuales de papel, y los cambios bruscos de temperatura entre el día y la noche (típicos de un garaje) hacen que el plástico se dilate y contraiga de forma repetida, lo que a la larga vuelve las cajas más quebradizas. Una habitación normal de una vivienda, con temperatura y humedad relativamente estables durante el año, es mejor sitio para una colección de valor que cualquier espacio "de guardar cosas" que no esté pensado para vivir en él.
Si no tienes más remedio que usar un espacio así de forma temporal, al menos evita el contacto directo con el suelo (una inundación pequeña o la humedad que sube del hormigón hacen más daño de lo que parece) y usa cajas de plástico cerradas, no de cartón, como contenedor intermedio.
Limpiar un disco o un cartucho sin arruinarlo
Con los discos ópticos, la regla de oro es limpiar siempre en línea recta desde el centro hacia el borde exterior, nunca en movimientos circulares: un rayado circular sigue la misma trayectoria que lee el láser y es mucho más probable que provoque saltos o cuelgues que uno radial, que el láser puede saltarse en una sola pasada. Un paño de microfibra seco o ligeramente humedecido con agua es suficiente para la suciedad normal; evita alcohol y otros disolventes agresivos sobre la cara impresa (la etiqueta), que en muchos discos es más frágil que la cara de lectura.
Con los cartuchos, el problema más habitual no es la suciedad externa sino los contactos metálicos, que con los años acumulan óxido y provocan que el juego no arranque o parpadee la pantalla. Un bastoncillo con un poco de alcohol isopropílico sobre los contactos (nunca dentro del cuerpo del cartucho) suele resolverlo; lo que hay que evitar a toda costa es soplar dentro del cartucho, un gesto casi universal en los años 90 que en realidad introduce humedad y partículas de saliva justo donde no conviene.
Los extras de papel son los más frágiles de toda la caja
Manuales, mapas desplegables, pósters y libretos son, con diferencia, la parte más delicada de una edición completa: se doblan, se rasgan por los pliegues repetidos y absorben humedad más rápido que el plástico o el cartón grueso de la caja. Si tienes ediciones con extras de papel de verdad valiosos, merece la pena guardarlos en una funda individual (las fundas transparentes para documentos de tamaño A4 o A5 sirven perfectamente) dentro de la propia caja del juego, en vez de sueltos rozando contra el disco o el cartucho.
Antes de una mudanza: el momento de mayor riesgo real
Más colecciones se dañan en una mudanza que en años de estar guardadas quietas. Usa cajas de mudanza rígidas, no bolsas ni cajas de cartón blando, y coloca los juegos de pie dentro de la caja, no tumbados unos sobre otros como si fueran ropa. Si la mudanza incluye un guardamuebles o un almacén temporal, pregunta explícitamente por climatización: un almacén sin climatizar en pleno verano español puede alcanzar temperaturas que ablandan el plástico en cuestión de semanas, no de años.
Saber lo que tienes es parte de cuidarlo
Una colección que nadie ha inventariado es una colección donde nadie se entera de que falta una pieza hasta que ya es tarde para reclamarlo o para darse cuenta de qué se ha estropeado. Llevar un registro simple de qué tienes y en qué estado —aunque sea mental, pero mejor por escrito— es la primera línea de defensa antes que cualquier funda o estantería. Si quieres una forma rápida de hacerlo sin montar una hoja de cálculo, nuestra calculadora de colección sirve también como inventario: marca lo que tienes y en qué estado, y queda guardado en tu propio navegador para consultarlo cuando quieras.
Fotografía tu colección antes de que haga falta
Unas fotos decentes de tu colección —de conjunto y, si tienes algo de valor real, de detalle de la carátula y del disco o cartucho por separado— sirven para dos cosas que solo se valoran cuando ya es tarde. La primera es un robo o un siniestro en casa: la mayoría de pólizas de seguro de hogar cubren el contenido, pero reclamar sin prueba de qué tenías y en qué estado es mucho más difícil, y una colección de coleccionista puede superar fácilmente el límite de "electrónica genérica" que cubre una póliza estándar sin que el asegurado lo sepa hasta el momento de reclamar. La segunda es mucho más frecuente: una disputa al comprar o vender de segunda mano, donde tener fecha y estado documentado antes de la venta evita malentendidos sobre si un rayado o un manual que falta ya estaba así de origen.
Guarda también los recibos o capturas de compra que tengas, aunque sea de una tienda de segunda mano: además de servir como prueba de propiedad, con los años se convierten en un registro involuntario de cuánto ha subido —o bajado— lo que compraste, que es exactamente el tipo de dato que alimenta secciones como esta.
Nada de esto convierte una copia dañada en una copia perfecta —eso no lo arregla ningún consejo—, pero sí frena el deterioro de lo que todavía está en buen estado, que es exactamente lo que separa una copia "suelta" de una "completa" en el valor de mercado que documentamos en cada ficha de Retro.